Ser nómada digital es trabajar desde cualquier lugar y al mismo tiempo viajar. Parece increíble, pero es la realidad de mucha gente, y yo y mi esposo trabajamos así. A nosotros nos encanta viajar, así que cuando descubrimos que podíamos trabajar por internet, lo empezamos a plantear y no paramos a plantearlo. ¿Por qué quedarnos siempre en el mismo sitio?
Ahora nuestra vida es de ciudad en ciudad. Por la mañana buscamos bibliotecas o coworkings donde concentrarnos, abrir el ordenador y trabajar en condiciones. Nada de estar en la cama con pijama todo el día sin hacer nada porque nadie se entera. Para mí, creo que lo más importante que es trabajar por la mañana nos deja libres todas las tardes y los fines de semana.
Ser nómada digital es trabajar en cualquier parte del planeta, tener que organizarse y luego salir a disfrutar del lugar donde estás. Nos encanta caminar sin rumbo, descubrir cafés, parques, mercados o calles que ni las guías mencionan.
Bueno, como en todo trabajo, presencial o no, hay días que son un verdadero incordio, porque a veces el internet se cae, el coworking está lleno o la biblioteca cierra pronto porque es fiesta, pero tampoco pasa nada, solo tienes que buscarte las papas de otra forma.
Ser nómada digital, en resumen, no es más que tener que usar un portátil, usar internet y tener muchas ganas de moverte. Así, ya puedes empezar a vivir sin que nada te frene.
¿Cómo organizo mis mañanas para sobrevivir?
Para poder viajar y trabajar al mismo tiempo, al menos para mí, las mañanas son sagradas. Al principio me costaba muchísimo levantarme temprano y ponerme seria, pero aprendí que, si no lo hago, todo el día se va a tomar por saco. Por eso, ahora me levanto, desayuno algo rápido, abro el ordenador y voy directa a las cosas importantes: emails, reuniones y tareas grandes.
Trabajar desde cualquier lugar es algo complicadete, porque sin no me organizo bien se convierte en un completo desastre. Por eso busco siempre un lugar tranquilo: una biblioteca, un coworking o incluso una cafetería donde no haya ruido. Estar cómoda hace que me concentre mejor y las horas pasen volando.
También hago listas de lo que tengo que hacer en la semana antes de llegar a la ciudad. Así no me pierdo buscando wifi o probando lugares donde sentarme. Para mí, es lo mejor, porque evita que me dé el agobio y me deja disfrutar de la tarde sin culpa.
No siempre es perfecto, claro que no, y ningún trabajo lo va a ser. Hay días que me quedo atascada con algo y me frustro, pero trato de no perder tiempo pensando en eso, porque quiero poder trabajar rápido y ser eficiente por la mañana para poder salir y explorar la ciudad.
Lo que quiero que entiendas es que, aunque muchas veces no vas a tener un horario, puedes tener libertad. Por eso lo mejor es trabajar por la mañana y dejarte todo el tiempo del mundo para descubrir lugares nuevos por la tarde. A mí es lo que más me funciona, sin duda.
Una de las cosas que me han ayudado son los coworking
Trabajar mientras viajo suena muy bonito cuando lo intento explicar, pero la realidad tiene sus trucos. He intentado hacerlo desde cualquier sitio: un Airbnb, una cafetería tranquila o una mesa improvisada en un alojamiento. A veces me funcionaba, pero muchas otras no, porque el ruido, las sillas (que son incómodas) o tener una conexión que va y viene hacen que no me concentre. Por eso, me hace falta un lugar donde me concentre de verdad.
Así fue como encontré los coworking, que tienen mesas cómodas, una buena conexión a internet y un buen ambiente para trabajar. Desde la empresa Mitre Workspace, que diseña espacios profesionales para coworking, me explicaron en su día que estos lugares ayudan a mantener la productividad y una rutina incluso cuando alguien está cambiando de ciudad a menudo, como yo y mi esposo. Y eso es genial cuando se vive en movimiento, porque no nos podemos concentrar bien si tenemos que movernos tanto.
Cada vez que llegamos a una ciudad nueva, un coworking es una de las primeras cosas que buscamos. Lo mejor es tener claro donde vamos a trabajar para centrarlos, así el trabajo sale adelante y las distracciones desaparecen bastante, que ya es un buen logro.
Además, estos espacios tienen cosas que nos ayudan mucho a trabajar mejor. Normalmente hay buen café, salas tranquilas para hacer videollamadas y mucha luz natural. Algunos incluso organizan pequeños encuentros para que la gente pueda conocerse, y eso la verdad es que viene muy bien cuando acabas de llegar a una ciudad nueva.
También me dan mucha libertad. A veces paso varias semanas en el mismo coworking y otras veces solo voy unos días. Así tengo un lugar estable donde trabajar, pero sin perder la libertad de moverme cuando quiero.
¿Cómo elijo ciudades para trabajar y disfrutar?
No todas las ciudades sirven para ser nómada digital, y yo al principio pensaba que sí, pero me di cuenta muy rápido de que algunas son un desastre para trabajar mientras viajas. Ahora miro varias cosas antes de decidir: que haya internet decente, que el ritmo y precio de vida no sea una locura y que haya lugares tranquilos para trabajar sin que me distraigan mil cosas.
También me fijo en que la ciudad tenga cosas que hacer después del trabajo. No me sirve solo que el wifi funcione, si luego no hay parques, calles bonitas o cafeterías donde pasar el rato. Que haya mercados, librerías o rincones curiosos para explorar sin seguir ninguna guía turística es súper importante para mí.
Y sí, con este estilo de vida, tener social importa mucho. Cuando hay ciudades con otros viajeros o estudiantes hay más bibliotecas, cafeterías y coworkings, y eso hace todo mucho más fácil y menos solitario. No es lo mismo estar encerrada en un apartamento que rodeada de gente que también trabaja viajando y comparte experiencias.
Claro que no todo es perfecto, faltaría más. Algunas ciudades son increíbles pero súper caras, y toca buscar alternativas. A veces, sacrificar un poco de comodidad por una experiencia nueva vale totalmente la pena.
¿Cómo encuentro bibliotecas increíbles?
Al principio ni se me ocurría pensar en bibliotecas cuando viajaba. Me imaginaba solo cafés y coworkings, pero poco a poco descubrí que las bibliotecas son un lugar increíble para concentrarse y ser productiva. Mucha gente no se imagina lo rápido que va el wifi en ellas, lo grandes que son las mesas, pero la verdad es que funcionan perfecto para pasar varias horas trabajando sin distraerse.
Lo que más me gusta de las bibliotecas es la calma que se siente nada más entrar, es cruzar la puerta y mi cabeza cambia sola a modo trabajo. No está el ruido de la calle, nadie habla alto ni distrae. Solo estoy yo, el portátil y lo que tengo que hacer. Puedo pasar horas concentrada sin darme cuenta, y cuando miro el reloj ya ha pasado toda la mañana.
Cada ciudad tiene bibliotecas muy diferentes. Algunas son modernas y con muchísima luz natural, como la de Biblioteca de Galicia en Santiago de Compostela (que, por cierto, es mi favorita para trabajar), otras son más antiguas y tienen un aire histórico que se nota en cada sala… pero todas sirven para sentarse a trabajar. Además, muchas son gratis y no tienes que gastar dinero para ponerte al lío.
Por todo esto, y más, las bibliotecas se han convertido en uno de mis sitios favoritos para trabajar mientras viajo. Me ayudan a concentrarme y luego me dejan energía para disfrutar la ciudad.
Viajar ligero es mucho más fácil
Al principio llevaba demasiadas cosas: una maleta gigante, un montón de peso… y al final no usaba ni la mitad. Aprendí, con lo errores, que lo realmente necesario para ser nómada digital es el portátil, los cargadores y los auriculares. Todo lo demás sobra.
También hice más básica mi ropa: ahora prefiero pocas prendas cómodas que combinen entre sí y, de esa forma, la maleta pesa poco y puedo moverme mejor en la ciudad. En mi opinión, pasar horas arrastrando maletas enormes es un estrés que no vale la pena.
Viajar ligero tiene otra ventaja: te da libertad total. Subes a trenes, autobuses o aviones sin preocuparte del peso, y llegar a un nuevo alojamiento es mucho menos estresante. Además, cuando llevas pocas cosas, aprovechas más cada ciudad. No dependes de tu ropa ni de tus cosas, y no tienes que ir con un peso enorme arrastrándose detrás de ti.
¿Cómo mantener la rutina aunque cambie la ciudad?
Me levanto más o menos a la misma hora siempre, desayuno (con calma, no te frustres tampoco, que empiezas mal el día) y reviso lo que tengo pendiente antes de empezar. Así tengo la cabeza despejada y no siento que paso todo el día corriendo para poder hacer las cosas a tiempo.
Por la mañana me concentro SOLO en el trabajo. Si no lo hago me empiezo a agobiar, porque luego s eme acumula todo y no puedo salir a la ciudad, así que mantener la mañana ocupada y dejarme la tarde libre me hace los días más tranquilos y, de paso, más divertidos.
Las tardes son para caminar, obviamente, para perderme por las calles, ir a tomar algún café o mirar los parques. No siempre buscamos los lugares más turísticos, a veces los rincones escondidos son los mejores.
Con el tiempo, trabajar por la mañana y tenerlo todo liber por la tarde me da una libertar que no me ha dado ningún trabajo. Y, encima, en cualquier parte, que es lo mejor de todo.
¿Cómo improviso cuando algo falla?
Todo tiene sus complicaciones, al final nada es perfecto: el internet se cae, el coworking está lleno o la biblioteca se cierra antes de tiempo. Al principio eso mr frustraba un montón, pero bueno, al final improvisar se vuelve una parte importante del día a día, y aprendes a sobrellevarlo mejor. Por eso siempre tengo un plan B: una cafetería con wifi, trabajar en un parque con datos móviles o cambiar la agenda del día.
También aprendí a no obsesionarme con tenerlo todo perfecto, porque viajar jamás va a ser igual que estar en una oficina, y está bien así. Lo importante es llevarte lo esencial y luego disfrutar del resto tal y como venga. Improvisar da libertad y, muchas veces, esos cambios llevan a descubrir lugares que nunca habría conocido si todo hubiera salido como planeaba.
Creo que adaptarse a lo que surja es lo que hace que cada ciudad y cada día sean divertidos.
¿Cómo aprovecho las tardes para explorar?
Es mi parte favorita del día, porque durante la mañana me concentro y avanzo con todo, y por la tarde disfruto del lugar donde estoy con la tranquilidad interna de que ya he cumplido con todas mis obligaciones. Creo que es una de las mejores sensaciones de ser nómada digital, la libertar que da saber que has terminado y que tienes la tarde para descubrir un sitio nuevo.
También me gusta probar comidas locales (sí, soy glotona, pero es que cada lugar tiene su gastronomía, y, ya que estoy allí… habrá que probarla), charlar con gente del lugar y entrar en tiendas artesanales que solo encuentras cuando estás paseando sin rumbo fijo por la ciudad, en esos callejones estrechos en los que no entra un coche (o en los que casi te atropella, si entra). Esas cosas hacen que cada ciudad se sienta única.
Aunque haya días de lluvia o me acabe pereza salir a pasear, porque estoy cansada, siempre intento salir un rato. Caminar, aunque sea poco, siempre me ayuda a desconectar del portátil y sentir que realmente estoy viviendo en la ciudad.
Ese equilibrio es lo que me garantiza que descanso, así que, si trabajas por tu cuenta, te aconsejo tenerlo también.
¿Por qué me encanta este estilo de vida?
La vida de nómada digital es súper adictiva. No siempre te va a salir todo perfecto, habrá días difíciles y otros en los que cometas errores, pero eso también es parte de este estilo de vida, porque aprendes a organizarte, a improvisar y, de paso, algunas lecciones sobre cómo no tienes que hacerlo la próxima vez.
Esta vida que llevo con mi esposo, al menos a nosotros, nos hace sentir vivos, y por eso la hemos elegido. Porque nos encanta descubrir sitios nuevos, y la única forma que tenemos de hacerlo sin establecerte en un sitio para siempre es esta: o bien ser tu propio jefe (que, hablando en plata, el tema autónomo es un poco complicado) o bien buscarte un trabajo remoto con alguna empresa, y vivir de sitio en sitio como te dé la gana.
¿No crees que es hora de un cambio de vida? ¡Esto te permite hacerlo a diario!


